Mi historia

De profesión, filóloga

Cuando decidí iniciar las andanzas de la Casa de las Palabras, allá por el 2004, ya era una filóloga atrevida. Había aprendido a mirar mi lengua materna, el español, con los ojos de las metodologías comunicativas usadas en la enseñanza/aprendizaje de lenguas extranjeras (inglés y alemán); las había usado en mis cursos de español para extranjero, dentro y fuera de España, y había comprobado los beneficios del enfoque por tareas en un intento por acercarla a los aprendices de otros países de la manera más directa y natural. Las lenguas sirven para comunicarnos, una perspectiva básica que la tradición de la filología hispánica se resistía a incorporar.

Durante los años de docencia universitaria, mi disciplina había sido la semántica del español, léxica y textual. De ese tiempo, lo más interesante para mí fue ir desgranando texto a texto, para comprender cómo se construyen los discursos frase a frase, párrafo a párrafo, con los recursos gramaticales, sociolingüísticos, textuales y estratégicos usados para comunicar algo a alguien con una intención. Recorrí distintos contextos: periodístico, científico, jurídico-administrativo, etc., y fui incorporando estrategias y esbozando un método de observación que me sirviera para mis clases de Análisis Semántico (más prácticas) y Semántica Textual (más teóricas).

Y fue entonces cuando crucé las dos perspectiva: la de la Didáctica de la Lengua, que me llevaba a buscar maneras eficaces de didactizar cualquier situación de comunicación, y la de la Semántica Textual, que me permitía indagar por el fascinante cruce de caminos de la Competencia Lingüística de los hablantes de español (antes la de los extranjeros y después la de los nativos). Y en ese cruce descubrí el motivo de mi empeño profesional: quería ofrecer medios útiles para desarrollar las destrezas comunicativas de los hablantes de español. Quería ayudarles a hablar mejor, a escribir mejor en su propia lengua, a descubrirla, amarla y mejorar su uso, sus posibilidades expresivas. Y así, en definitiva, pensar y vivir mejor porque sabía que

La casa de las palabras

El lenguaje abre caminos en la realidad
para que podamos transitar por ella.

El camino de la lectura

Con ese anhelo y mucho entusiasmo, La Casa de las Palabras abrió sus puertas en Jerez . Empezamos por la lectura. Pusimos en marcha un proyecto socioeducativo de animación a la lectura en 13 colegios de las dos zonas de transformación social, zona norte y zona sur, Proyecto L. Durante cuatro años llevamos libros a todas las aulas de primaria de esos colegios. Dejábamos maletas con 25 libros de cinco títulos diferentes, que se quedaban cinco semanas en el aula, junto con el gusto y regusto de las animadoras de la Asociación Tale, para que pudieran ser leídos. Los niños y niñas podían leerlos en clase o llevarlos a casa (dependía del profesorado) sabiendo que en nuestra segunda visita algún hacedor de libros lo/as visitaría: cuentacuentos para infantil y primero, ilustradores para segundo y tercero, autores para cuarto y quinto, y hasta un pequeño taller de escritura para los más mayores. Durante cuatro cursos consecutivos, los libros dieron vueltas y vueltas por las aulas, y nosotros con ellos, pasando por las manos de los alumnos y alumnas de primero a sexto de primaria, muchos de ellos sin acceso a ellos en sus casas. Llegamos a hacer hasta 273 sesiones de animación por curso, repartidas entre unas 54 aulas de infantil y unas 108 de primaria. Lo importante para nosotras (la mayoría del equipo éramos mujeres) era poder llegar a TODXS, no sólo a los ya iniciados en la lectura: llegaron a ser aproximadamente 4.000 niños y niñas de edades comprendidas entre los 3 y los 12 años. La cuestión decisiva para despertar el entusiasmo es que veníamos de fuera del colegio y que volvíamos con visitas directamente relacionadas con los libros de la maleta: autores, ilustradores…; y también que la selección de los libros era adecuada para su nivel de lectura. Para que os hagáis una idea, los indicadores del curso 2008-2009 hablaban de 1.301 lecturas en primero, 1.205 en segundo, 1.643 en tercero, 1.198 en cuarto, 1.310 en quinto y 1.170 en sexto. Fue una experiencia apasionante y fructífera en la que estaban implicados, por supuesto, el profesorado y también algunos padres, sobre todo los de las edades más tempranas. Nuestra idea era contagiar y dejar la costumbre. Pero se inventaron la crisis y, cuando el programa ya había empezado a dar sus frutos y los niños y niñas esperaban nuestra llegada con entusiasmo, el Proyecto L se paró, como se pararon tantos otros. No voy a entrar en detalles… Otra consecuencia fue que, desde el 2010, La Casa de las Palabras dejó de tener sede, aunque sigue siendo el paraguas bajo el que trabajo como filóloga. Más tarde descubrí las ventajas de tener libertad de desplazamiento: Cádiz, Jerez, Sevilla, Madrid, Mallorca… y la red.

El camino de la escritura

En paralelo a la lectura, empecé con los Talleres de Escritura organizados por la UCA y con módulos de Comunicación Oral incluidos en Programas de Búsqueda de Empleo, o sea, con otras dos destrezas, la escritura y la oralidad. En los cursos de verano del 2008 y posteriormente en los de Extensión Universitaria,, impartí Talleres de Escritura, abiertos a estudiantes y no estudiantes, que en un primer momento fueron pensados para abordar la escritura expositiva (académica o profesional) con fines específicos pero que en la práctica incluyó también la escritura narrativa para dar respuesta a las necesidades de algunos de lo/as participantes. Fue así como me inicié también en la narrativa, camino que no tenía previsto pero que ha resultado ser también de largo recorrido. Desde entonces hasta ahora no he dejado de avanzar en estas dos propuestas. De un lado, la escritura como herramienta de trabajo, cuyo eje de composición es la exposición de ideas y cuyo fin es la claridad, y, de otro, la escritura como herramienta de desarrollo personal, cuyo eje de composición es la narración de acontecimientos, tanto en la no ficción (escritura personal: biografías, memorias, etc.) como en la ficción, que nos permite pasar al otro lado del espejo, el de la creación y la libertad. Los dos me fascinan. Los dos son herramientas poderosas que dan alas. El primero, el de los Talleres de Escritura Eficaz, me permite abrir puertas y ventanas a personas que piensan, que tienen algo que decir en lo profesional y se encuentran con ciertas dificultades expresivas (a mi modo de ver de fácil solución). La experiencia me ha demostrado que hay cuestiones generales, específicas de este tipo de escritura, que se resuelven en un taller de iniciación (aprox. 20 horas), mientras que las específicas es mejor trabajarlas en grupos ya constituidos de trabajo (grupos de investigación, por ejemplo) y en acciones tutoriales individuales de más o menos duración, dependiendo de los casos, sobre todo para las memorias de fin de master, para tesis doctorales o para conferencias (VER MEMORIA DE TALLERES DE ESCRITURA EFICAZ). El segundo, el de los Talleres de Escritura Narrativa, me da la oportunidad de conectar con el  devenir de la vida, con el acontecer, que es una experiencia global, holística, racional y emocional al mismo tiempo. Dar forma a una narración nos pone ante un doble reto: el de hacerla comprensible y el de conseguir hacerla sentir. Acompañar a alguien que la escribe supone para mí un privilegio: entrar en comunicación con ello/as, ponernos a bailar entre los límites de las convenciones lingüísticas y la libertad expresiva al proponerles experimentar la escritura propia, libre y en ocasiones rompedora. Las personas interesadas en la escritura narrativa suelen empezar con un taller de iniciación (aprox 20 horas), en el que la abordamos como proceso (pre-escritura, redacción y re-escritura), con técnicas para cada uno de los momentos, importante para atreverse y luego adquirir hábitos y fluidez, al tiempo que indagamos en nuestro yo-escritor/a y caminamos de la narrativa personal a la de ficción. Otras pueden incorporarse a los talleres específicos, Narrativa I y Narrativa II (aprox. 20 horas cada uno). En ellos, partiendo de el cuento, que es la forma originaria de narrar, hacemos un recorrido de reducción, hacia el microrrelato, y otro recorrido de expansión, hacia la novela, pasando por el relato (VER MEMORIA DE TALLERES DE ESCRITURA NARRATIVA). O participar en el Laboratorio de Narrativa, de reciente creación (VER BLOG). Lógicamente, en todos mis talleres se escribe entre sesión y sesión, y en ellas se comparte lo escrito. Mostrar lo que escribes a un pequeño círculo de personas que comparten esta afición contigo es un gesto de confianza previo que nos prepara para luego ser capaces de mostrarlo al público lector. Reconozco que, con el tiempo, mis talleres de escritura han ido evolucionando hacia la parte más sonora, más musical de la prosa. Leer lo que escribimos nos permite oír la voz de nuestro narrador/a y la de los personajes que intervienen en la historia; y escuchar la de los demás nos distingue y nos une. Ocurre que en poco tiempo somos capaces de reconocer la escritura de los compañero/as con los ojos cerrados, sólo escuchando lo/a recocemos. Esta experiencia nos reafirma, nos da fuerza para seguir escribiendo. Pero en mis talleres también se reescribe. A lo largo de los años he establecido un sistema para hacer sugerencias a posibles cambios; en mis revisiones hay muy pocas correcciones y muchas anotaciones, sugerencias sobre otras posibilidades expresivas. Pero decide quien escribe. Esta práctica me ha legitimado para hacer Informes de escritura, una primera revisión estructural y de estilo para el diagnóstico, y Revisión de Estilo, una revisión pormenorizada con anotaciones para dejar el escrito listo para edición. Desde el 2011, de manera intermitente pero continuada, estos talleres de narrativa surgen de la colaboración entre la librería La Luna Nueva de Jerez y La Casa de las Palabras, aunque no es ni será la única. Espero que en el futuro la cooperación de personas amantes del libro, de la lectura y de la escritura, y también de la filología, de pie a nuevas iniciativas…

El camino de la oralidad

Con todo, sigo teniendo mucho trabajo por hacer, otros caminos que transitar. Y uno importante es la oralidad. Hace tiempo que vengo preparando una nueva propuesta de Taller de Expresión Oral, que cuando tenga forma ha de ser interdisciplinar. En la destreza oral no basta con lo pueda aportar la filología a lo que el hablante dice con la palabra, sino que se ha de atender a lo que se dice con la voz y con el gesto, sin olvidar que el bloqueo al hablar viene del miedo escénico. Estamos en ello… Pero mientras tanto, ha surgido otra propuesta necesaria en los tiempos que corren: organizar Debates para aprender a conversar y, por qué no, a discutir, poniéndolos en escena. Debates sobre temas de interés, usando diferentes técnicas; debates que nos pongan a argumentar y contraargumentar, a pensar y a profundizar; debates en los que unos hablen y otros escuchen sin posibilidad de intervenir, y que todxs los participantes pasen por ambas experiencias; debates en los que el público luego vote qué intervención ha sido la más convincente, independientemente de estar o no de acuerdo con sus contenidos; o debates en los que haya que ponerse de acuerdo… Una buena escuela de oratoria empezando por nosotras mismas. Sí, porque empezamos con un Club de Debate de mujeres (VER BLOG)… Y, ¡cómo no se me había ocurrido antes! Ya he descubierto el camino natural de la oralidad, el principal, su vía directa: el de la Narrativa Oral, un nuevo proyecto de recopilación de cuentos y relatos que pretende ir sacándolos de la memoria de personas adultas. Se llama La Voz de la Memoria. Un equipo, previamente preparado para ello, irá coleccionando estas historias, escuchando y grabando la voz de las personas que las transmitan. Y también recopilaremos testimonios e historias de vida. Se trata de un proyecto socioeducativo de largo recorrido al abrigo de la Educación Popular que, seguro, nos hará vivir momentos apasionantes.

Formación del profesorado

Otra aventura profesional como filóloga ha sido y es la de la Didáctica del Español.

En mi primera etapa profesional, trabajando para editoriales británicas, había tenido la oportunidad de aprender de los autores y editores de inglés como segunda lengua, pioneros de las metodologías comunicativas y de la lengua como recurso económico. Pasado el tiempo me volví a cruzar con un autor, Plácido Bazo, catedrático de Didáctica de la Lengua en la Facultad de Ciencias de la Educación de La Laguna. Habían pasado más de veinte años.  Y nos pusimos a trabajar juntos en Formación del Profesorado desde una perspectiva plurilingüe porque entendimos desde el principio que la competencia en comunicación lingüística es UNA.

Desde el 1012 hasta ahora hemos formado un tándem profesional, lengua materna y lengua extranjera, que ha dado interesantes frutos. Nuestras propuestas parten de dos lugares comunes: el aprendizaje competencial y la comunicación lingüística (CCL) como eje que posibilita el aprendizaje, y tienen como objetivo el desarrollo de la Competencia Comunicativa del alumnado de primaria y secundaria (VER MEMORIA DE CURSOS Y TALLERES EN FORMACIÓN DEL PROFESORADO).

Esta colaboración me ha permitido avanzar como formadora y también como investigadora. Impartimos juntos y por separado: Conferencias y clases monográficas, desarrollamos Planes de Formación en centros, de uno o dos años, y hacemos Asesoramiento Didáctico. Con toda la experiencia acumulada, estamos diseñando un Curso de Experto en Educación Plurilingüe en colaboración con la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), con quien hago también formación en el Master Universitario para la enseñanza de Español Lengua Extranjera.

Como investigadora, en el 2016, llevé a cabo un proyecto de investigación-acción: La observación en el aula de la competencia comunicativa en las prácticas docentes del IES Fernando Quiñones de Chiclana (Cádiz): los usos de lengua del profesorados y del alumnado. La experiencia no pudo ser más reveladora: la necesidad de proponer en la escuela:

¡Un aprendizaje basado en el alumnado!

Ese es mi objetivo como formadora. Porque el resultado de la observación de dichas prácticas puso de manifiesto que el aprendizaje sigue estando basado en las exposiciones orales del profesorado, lo cual hace que las actividades más frecuente del alumnado sean receptivas: escuchar (80%) y leer (20%). Por tanto, las estrategias en las que se basa su aprendizaje son la comprensión oral, primero, y la comprensión escrita después.

A la vista de los hechos, las preguntas que desde cualquier foro de debate tendremos que hacernos son: si la enseñanza-aprendizaje está basada en las exposiciones orales del profesorado ¿cómo controlar la comprensión oral del alumnado?, ¿qué hacer para mejorarla?; o ¿estamos dispuesto a hacer un cambio que permita que el aprendizaje esté basado en el alumnado? En ese caso, habrá que ponerlos a hacer (producir y crear) y a decir (hablar y escribir) para que el aprendizaje sea más significativo y menos imitativo. Y ¿cómo hacerlo?

La propuesta  didáctica de La Casa de las Palabras puede ayudar al profesorado a hacer el cambio de perspectiva. (MÁS EN EL BLOG)